“Serían una especie de genios del bosque, unos diosecillos de segunda categoría por así decirlo, que con sus saltos y los toques, por magia simpática, harían crecer las cosechas y por tanto el pueblo tendría cosechas más ricas y podría comer, siendo más felices”. López de los Mozos.
Una semilla de la antiquísima magia milenaria entre el hombre y la naturaleza parece mantenerse viva.






































